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Fray Antonio Alcalde y Barriga

Antonio Alcalde y Barriga nació el 15 de marzo de 1701 en Villa de Cigales, pequeña población y diócesis castellana de Valladolid, España. Fue el menor de 4 hermanos y quedó huérfano de madre a los dos meses.

A la edad de 15 años entró al antiguo convento de San Pablo, fundado en el siglo XV. De acuerdo a sus constituciones, los frailes deben vivir en pobreza y cultivar el intelecto. A los dos años de vivir en el convento, Alcalde solicitó y obtuvo el hábito de dominico. Al cabo de otros siete años, recibió el estado clerical y el 29 de marzo de 1725 se ordenó como presbítero a la edad de 24 años.

Desde el año 1751 fue elegido reiteradas ocasiones para administrar y gobernar algunos conventos de su orden. Así fue Prior del Convento de Santo Domingo en Zamora y en 1753, del de Jesús María de Valverde, conocido como Nuestra Señora de Valverde, ubicado a dos kilómetros de Fuencarral y a siete kilómetros de Madrid.

Un domingo de julio de 1760, un fuerte chubasco obligó al Rey Carlos III a resguardarse en el convento de Valverde, en donde admiró la austeridad del lugar.

Tanto impresionó al Rey esa estampa, que no muchos días después, necesitando presentar al Papa un candidato para el obispado de Yucatán, dijo a su secretario, quien sabía del episodio, “nombre usted al Fraile de la Calavera, precisamente”, apodo que le quedaría para siempre. Ignorando tales designios, los dominicos eligieron a Fray Antonio en el verano de 1761 Prior del convento de Santa Cruz de Segovia.

En 1763 fue consagrado, al año siguiente recorrió su enorme diócesis, que comprendía lo que hoy son los estados de Campeche, Tabasco, Yucatán, Quintana Roo, además de Belice y el Petén en Guatemala.

El Obispo Alcalde arribó a la capital de la Nueva Galicia, Guadalajara, en 1771. Durante su estadía, recibió la noticia de que Carlos III había firmado el 20 de mayo una carta de presentación dirigida al Papa pidiéndole que autorizara el traslado del Obispo de Yucatán a la diócesis de Guadalajara, puesto desocupado desde el 10 de diciembre del año anterior tras la muerte del obispo don Diego Rodriguez de Rivas.

Alcalde entró a la capital de la Nueva Galicia el 12 de diciembre de 1771. Una fecha significativa para su gran devoción guadalupana, por lo cual, a ruegos del Ayuntamiento edificó un templo que él mismo elevó al rango de parroquia en el año de 1782.

Las iniciativas sociales y humanitarias de Fray Antonio Alcalde no tuvieron límites. Un ejemplo vivo de eso, fue la realización de un experimento de vivienda popular sin precedentes en Hispanoamérica: las Cuadritas.

La construcción de albergues de rentas reducidas fincaría, según el proyecto del obispo, el capital indispensable para la sustentabilidad del hospital y de otras obras de servicio social, como el Beaterio, escuela gratuita para 300 niñas. Invirtió 240 mil pesos para construir las Cuadritas (16 manzanas con 1580 viviendas), con cuyos habitantes (más de 10 mil personas) se formó la parroquia del Santuario de Guadalupe, templo al que se le destinó una cantidad similar a la mencionada para edificarlo.

Mandó a construir un plantel de primeras letras, capaz de alojar a 300 alumnos en el nuevo barrio de las Cuadritas, y de idénticas proporciones funcionó en el que fue el Colegio Seminario de San Juan Bautista.

Al poco tiempo edificó un internado para niñas y jóvenes, dedicado a Santa Clara, en la manzana oriente contigua al Santuario de Guadalupe. Confió la obra a la Congregación de Maestros de la Caridad y Enseñanza, y la institución abrió sus puertas en 1784.

La Universidad de Guadalajara, fue la segunda de carácter público en la Nueva España y a favor de esta institución Fray Antonio Alcalde destinó sesenta mil pesos. La Universidad de Guadalajara fue la segunda y última creada en la Nueva España y a favor de esta universidad, Fray Antonio Alcalde destinó 60 mil pesos.

En 1785, tras la pandemia de tifoidea que acechó a la población, el Obispo Alcalde convenció al Ayuntamiento de la necesidad de construir otro hospital a las afueras de la ciudad. Del fundo legal se tomó el predio que en 1794 habrá de convertirse en el hospital más grande de América, en cuyas obras Fray Antonio invirtió 265 mil pesos.

El obispo Alcalde colocó la primera piedra de hospital, que dedicó “a la humanidad doliente” en 1787, aunque no lo vio concluído. La obra se inauguró hace 225 años, el día 3 de mayo de 1794.

El 7 de agosto de 1792, a las cuatro de la mañana, alzó las manos al cielo y balbuceando una plegaria, entregó su alma al Creador. El inventario de sus bienes al tiempo de su muerte era de 267 pesos.

Fue sepultado por deseo expreso en el templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, por lo que es el único obispo cuyos restos no yacen en la Catedral. Su cuerpo fue colocado en el muro poniente del presbiterio, y a un lado de su tumba, una escultura de hinojos representándolo.